Paquete de besos ilimitados
Renata solo quería sobrevivir ocho días de crucero sin perder la cabeza -ni el corazón. Entre reuniones de trabajo, una hija que cuidar y un ex que no se cansa de complicarle la vida, lo último que necesita es distraerse con un fotógrafo andaluz de sonrisa fácil y dos millones de seguidores.
Bert solo quería un descanso, unas fotos bonitas y, tal vez, no enamorarse de nadie en el proceso (hay una apuesta de por medio, illo). Pero entonces conoce a una diseñadora cubanoamericana que le discute en spanglish y no se deja impresionar por sus fotos ni por su acento.
Todo empieza con un cartel mal escrito y una promesa medio en broma: un paquete de besos ilimitados, con reglas, límites... y fecha de caducidad.
Ocho días. Un barco. Y la certeza -cada vez más frágil- de que lo que pasa en el crucero, se queda en el crucero.
Spoiler: no siempre funciona así.