Seguido de la muerte de su tío paterno, el protagonista se convierte en el único responsable de los trámites funerarios, los papeles legales y la silenciosa liquidación de una vida desaparecida. Entre las pertenencias heredadas, destacan un departamento con dos meses de arriendo pagados, algunos muebles viejos, una biblioteca modesta, y, en exceso, cajas y cajas de cuadernos numerados, repletos de fechas, esquemas y páginas escritas a mano con obsesiva continuidad.
Para no desperdiciar el alquiler ya cubierto, decide instalarse durante esos dos meses en la antigua residencia de su tío. Allí comienza una tarea meticulosa: leer, ordenar y transcribir los cuadernos en su computadora. Sin embargo, pronto descubre que los cuadernos no obedecen a una clasificación clara, y lo que al principio parece un simple archivo póstumo se convierte en un territorio ambiguo: diarios personales, reflexiones, borradores de novelas; una misma voz atraviesa indistinta manuscritos de diferente naturaleza, y los textos llegan a contaminarse entre sí.
Conforme la transcripción avanza, el protagonista no solo intenta descifrar qué pertenece a lo vital y qué a lo literario dentro del conjunto de manuscritos: comienza también a enfrentarse con su propio pasado como aspirante a escritor, un sueño abandonado años atrás ante las exigencias de la vida adulta.
Entre papeles sin tregua, recuerdos fragmentados y narraciones que parecen anticipar la vida misma, una pregunta acaba imponiéndose: ¿es posible separar la verdad de la historia que elegimos contar? Y encerrado entre cuatro paredes, deberá decidir qué hacer con esa herencia incierta: ¿ordenarla, publicarla, destruirla... o continuarla?
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Obra inspirada en el disparador #92 para el Open Novella Contest 2026
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