Han siempre fue el hermanito inocente de Bang Chan. El niño bueno. O por lo menos eso creían... Hasta que un día Han abre la puerta equivocada y descubre a Lee Minho saliendo de la ducha. Sin camisa. Mojado. No puede evitar calentarse. No puede evitar encerrarse en su cuarto y masturbarse pensando en él, susurrando su nombre como un secreto sucio. Lo que no sabe es que Minho lo está viendo todo. Y Minho tampoco es tan inocente. Porque lleva años deseando a Han, pero creía que era imposible. Hasta hoy. ¿Quién dijo que los hermanos menores son santos? Advertencia: Contenido +18: Lenguaje explícito y situaciones sexuales. (Lée bajo tu propio criterio).
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