Draco Malfoy, hijo legítimo de Lucius Malfoy, antiguo mortífago y fiel seguidor del mago oscuro y de la deslumbrante Narcissa Malfoy, creció rodeado de lujo, pero no de cariño. Después de la derrota del Señor Tenebroso a manos de un infante Harry Potter, su padre no soportó la humillación pública ni el peso de la caída y simplemente se fue.
Narcissa entendió que el apellido Malfoy ya no era protección, era condena. Así que lo dejó atrás. Volvió a ser Black. Y su hijo dejó de llamarse Draco Malfoy.
Desde entonces fue Draco Lucius Black.
Sin figura paterna, Draco creció demasiado rápido. Se volvió disciplinado, impecable, exigente consigo mismo. No quería fallar. No podía fallar. Porque ahora todo lo que hacía era para proteger a su madre. Para que nadie volviera a mirarla con desprecio.
Su mundo era pequeño pero firme: Blaise Zabini y Pansy Parkinson. Con Pansy hubo algo que parecía amor cuando eran niños. Un "primer amor" inocente, más costumbre que sentimiento profundo. Pero crecieron y entendieron que eran mejores como amigos.
Ahora, con once años, está por entrar a Hogwarts junto a ellos. Cree que ya sabe quién es. Cree que tiene claro su camino. Cree que su corazón es fuerte y está preparado.
No sabe que en esos pasillos conocerá a alguien que romperá todas sus certezas y lo acompañara en sus pérdidas hasta que la otra persona desaparezca.
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