No fue solo lo que pasó, fue todo lo que vino después: el silencio que me obligué a guardar, las preguntas que parecían buscar mi culpa, la sensación de que mi propio cuerpo ya no me pertenecía del todo; aprendí a funcionar, a sonreír, a seguir con mi vida mientras por dentro algo se había quebrado en un lugar que nadie podía ver, y lo más doloroso no fue el recuerdo sino tener que sostener mi verdad frente a quienes dudaban, como si sobrevivir no fuera ya suficientemente difícil.
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