Maelis nunca estuvo sola.
Desde pequeña, las sombras la han seguido.
Figuras deformes en las esquinas.
Rostros superpuestos a los vivos.
Algo que respira cuando el silencio cae.
Cuando la declaran inestable y la internan en un hospital psiquiátrico aislado del mundo, cree que es el castigo por su mente defectuosa.
Pero dentro descubre algo peor.
Un chico que murió hace años camina por los pasillos.
Y solo ella puede verlo.
A medida que el miedo se convierte en aceptación, Maelis comprende el precio de mirar demasiado tiempo hacia la oscuridad.
Porque algunos no mueren cuando cruzan el límite.
Se quedan.
Y esperan al siguiente.
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