Desde niña, el reino la llamó "la esperanza".
La princesa que caminaba entre su pueblo sin escoltas, que escuchaba más de lo que hablaba, que nunca aprendió a endurecer el corazón como dicta la sangre real.
Demasiado bondadosa para la corte.
Demasiado luminosa para el palacio
Demasiado buena para este mundo dirían algunos.
Y cuando el rey murió... esa luz se volvió peligrosa.
Sin la protección de su padre, quedó a merced de una reina que siempre sonrió demasiado poco y observó demasiado bien.
El decreto fue inmediato.
El matrimonio, inevitable.
El elegido fue Sandor clegane.
El caballero marcado.
El hombre de mirada impenetrable y reputación temida.
Un guerrero que nunca explica sus silencios... ni la historia detrás de su cicatriz.
Para el reino, la unión es una humillación.
Para ella, una traición.
Para él... una deuda antigua que por fin debe saldar.
Porque antes de morir, el rey le confió algo más que su espada.
Le confió a su hija.
Y hay promesas que no mueren con los hombres.
Entre pasillos donde los susurros pesan más que las coronas,
entre miradas que esconden verdades peligrosas,
y entre un matrimonio nacido del deber...
la princesa comenzará a preguntarse si el verdadero enemigo es el hombre que la desposa...
o las personas que la rodean.
Algunas cicatrices no hablan de violencia.
Hablan de secretos.
Y algunos juramentos... se sellan con sangre incluso despues de la muerte.
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