Luz y juramento
Antes de que Beacon abriera sus puertas a los futuros cazadores, Jaune Arc ya cargaba con un secreto que ni su familia conocía.
Durante una noche solitaria en el bosque de Ansel, mientras intentaba entrenar con la espada que heredó de su familia, su aura -despertada por desesperación y deseo de ser digno de su linaje- se manifestó de una forma que ningún cazador había visto antes.
De la luz azul verdosa de su aura nació una figura: una armadura etérea de oro y blanco que portaba un escudo idéntico al suyo. No era una invocación ni una proyección; era algo más profundo, un reflejo vivo de su alma.
Esa entidad, a la que más tarde llamaría Crocea Spiritus, se convirtió en su guardián silencioso, un eco de su valor y sus temores, capaz de canalizar su aura y protegerlo cuando sus fuerzas flaqueaban.
Sin embargo, el poder no llegó sin un costo. Cada vez que dependía de aquella entidad, parte de su propia aura se consumía, drenando su vitalidad.
Para Jaune, dominar este don significaba más que aprender a luchar: era aprender a aceptar su propia debilidad y convertirla en fuerza.
Ahora, cuando el joven Arc decide falsificar su entrada a Beacon, no solo lleva una espada y un escudo... sino también el peso de un alma doble, un poder que podría convertirlo en un verdadero héroe, o destruirlo antes de tiempo.
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