Después de años sirviendo en el FBI, Stiles se ha convertido en un agente brillante, pero el peso de todo lo vivido empieza a pasarle factura. Una noche, regresa agotado a su apartamento en Quantico. El silencio es ensordecedor. Se sirve un par de copas y deja que los recuerdos lo invadan.
Piensa en los casos imposibles, en las decisiones que marcaron vidas... en su amigos, Scott,Lidya,Malia,Liam Mason y Derek las miradas que decían más que mil palabras, y los momentos -buenos y terribles- que compartieron trabajando codo a codo. También recuerda a los amigos que perdió, a la familia que se fracturó, a todo lo que quedó atrás mientras intentaba salvar a otros.
Con su mente acelerada por el TDAH, los pensamientos no le dan tregua. Saltan de un recuerdo a otro, de una risa pasada a un disparo que aún resuena en su memoria. Se pregunta cómo sería su vida si pudiera cambiar una sola decisión. Si pudiera volver antes de que todo se volviera un desastre. Antes de que las muertes, las traiciones y el dolor lo transformaran en alguien más cansado y más distante.
Entre el alcohol y la nostalgia, Stiles formula un deseo silencioso pero intenso: regresar al pasado. Volver al momento en que todo todavía podía salvarse. Antes de perder a tantos. Antes de que el mundo que conocía se rompiera en mil pedazos.
No espera que el universo escuche.
Solo desea, por primera vez en años... creer que aún hay algo que pueda arreglar.
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