Érase una vez un flacucho, larguirucho y solitario gato blanco de manchas grises quien, harto del crimen que había en su barrio y en su ciudad, comenzó a entrenar disciplinada y duramente en artes marciales, gimnasia y parkour, compró una pistola, compró una vaina para enfundar su pistola, compró un cinturón, adquirió un chaleco anti-balas, se confeccionó un traje de ninja, se puso el chaleco anti-balas, se puso el traje de ninja, se puso el cinturón junto con la vaina en donde enfundaría su pistola, enfundó su pistola y, en una noche, salió de su humilde, pequeño y vacío hogar para hacer justicia por su propia mano.
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