Frank Iero no cree en nada que no pueda tocar, romper o tocar en su guitarra. Para él, Belleville es una ciudad gris de la que solo quiere escapar, y la religión es simplemente el ruido blanco de los domingos por la mañana. Sin embargo, en un intento por complacer a su madre y aliviar la culpa de sus constantes ausencias, accede a acompañarla a la parroquia local.
Frank entra a la iglesia esperando aburrimiento y sermones vacíos, pero se encuentra con un impacto inesperado. Detrás del altar está Gerard Way, un cura joven de mirada intensa y carisma magnético que parece cargar con el peso del mundo en sus hombros. La conexión es instantánea y, para Frank, devastadora; en un solo segundo, su ateísmo se tambalea ante una devoción que no tiene nada que ver con lo divino.
Pero el camino hacia la redención (o la perdición) es complicado. Gerard no solo está casado con su fe, sino que mantiene una relación formal y aceptada por la comunidad con Lindsey, una mujer de presencia fuerte que parece ser el ancla perfecta para la vida impecable del sacerdote.
Entre confesionarios oscuros, cigarrillos compartidos a escondidas y la humedad de Jersey, Frank tendrá que decidir si está dispuesto a quemarse por un hombre que le prometió el cielo a alguien más.
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