La familia Ruggero era sinónimo de poder. Dueños de una cadena internacional de hoteles de lujo, su apellido representaba prestigio, tradición y una reputación impecable construida durante generaciones.
Hasta que todo estuvo a punto de derrumbarse.
Cuando Darcy tenía diecisiete años, una crisis financiera golpeó el corazón del imperio familiar. Inversiones fallidas y deudas ocultas dejaron a los Ruggero al borde de la quiebra. Desesperado por salvar el apellido, su padre hizo un trato con la única familia capaz de rescatarlos: los Miller.
La ayuda llegó.
Pero no fue gratuita.
El acuerdo era simple y brutal: los Miller salvarían a los Ruggero... a cambio de un matrimonio arreglado. Una unión estratégica entre herederos que consolidaría poder y negocios. Un contrato disfrazado de amor.
Darcy no fue consultada.
Solo fue incluida.
Años después, convertida en una empresaria y diseñadora reconocida, vivía atrapada en un compromiso que jamás eligió. Su boda estaba pactada. Su futuro decidido. Su vida escrita por otros.
Entonces apareció Jimin.
Lo conoció en un evento al que asistió por obligación, buscando distraerse, escapar unas horas de la presión constante. Lo que comenzó como una conversación ligera, casi una salida rápida para huir de las miradas y los rumores, terminó convirtiéndose en algo que ninguno de los dos planeó.
Con él no había contratos.
No había apellidos pesando sobre la mesa.
No había estrategias familiares.
Solo risas sinceras, miradas que se quedaban un segundo más de lo prudente y una conexión que la hacía olvidar, por momentos, el acuerdo que definía su destino.
Lo que parecía una simple distracción terminó siendo una grieta peligrosa en el plan perfecto de ambas familias.
Porque por primera vez, Darcy no estaba pensando en deber, poder o legado.
Estaba pensando en amor.
Y eso era mucho más arriesgado que cualquier crisis financier
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