Nunca tuve a nadie.
Y sin embargo, cada vez que pasaba frente a esa casa, me sentía observada.
Tal vez una casa no pueda hacerte sonreír, pero esa lo lograba. Al pasar por ahí me sentía querida, como si alguien me esperara al otro lado. Me aferré a esa sensación, aunque fuera una locura, porque no quería dejar de sentirla.
Llámenme loca por sonreírle a una cámara, pero siento que, con solo una sonrisa, me comunico. ¿Con quién? No lo sé.
Aun así, una chica puede soñar con una presencia sin cuerpo ni rostro, porque a veces bastan unos segundos para alimentar una ilusión... y convertirla en necesidad.
All Rights Reserved