Hay miradas que llegan antes que las palabras. Antes incluso de que sepas que algo está a punto de complicarse. Yo entré en esa academia pensando solo en aprender. No sabía que iba a encontrar a alguien capaz de pedirme silencio cuando todo en mí era ruido. Alguien que me mirara como si ya supiera lo que yo aún no quería aceptar. Esta no es una historia de líneas cruzadas, sino de líneas sostenidas. De deseo contenido. De autocontrol que duele. Porque a veces lo más peligroso no es lo que pasa. Es todo lo que no pasa.
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