El general quería que su hija aprendiera disciplina.
Simon Riley le debía un favor.
El acuerdo fue simple: un matrimonio por conveniencia y un entrenamiento sin concesiones.Él debía convertirla en alguien fuerte. Autosuficiente. Implacable.
Lo que ninguno anticipó fue que, en medio del aislamiento y la disciplina, lo más peligroso no sería el entrenamiento... sino los sentimientos.
Porque cuando la misión termine, no será cuestión de deber... sino de quién sea lo suficientemente valiente para quedarse.
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