1984: El año en que el cielo se rompió. Mientras el mundo moderno seguía su curso, una guerra secreta y devastadora llegaba a su fin. Doce guerreros humanos, portando armaduras de "acero vivo" capaces de contener la esencia de la naturaleza, se enfrentaron en un duelo suicida contra los Dioses Primordiales, deidades tiránicas que abusaban de su control sobre el agua, el fuego, la tierra y el aire. En el momento más sangriento de la batalla, un meteorito impactó en el epicentro del conflicto. La explosión no solo hirió de muerte a los dioses y destruyó las armaduras de los hombres; también liberó una energía desconocida que alteró el destino de doce bebés nacidos en ese instante. Estos niños no necesitaban metal ni rituales: ellos eran los elementos. Con sus últimas fuerzas, los doce maestros humanos usaron el poder del meteorito para sellar a los dioses en prisiones dimensionales. Pero la victoria tuvo un precio. Uno de los dioses logró tocar a uno de los recién nacidos, vinculando su alma oscura al corazón del pequeño, mientras que la pequeña Maren quedó marcada físicamente con una herida que ningún poder humano podría sanar. Diez años después, en la década de los 90, los doce maestros se desvanecen. Agonizantes por las viejas heridas de guerra, han criado a los niños en secreto y soledad, convirtiendo sus antiguas armaduras vivas en gemas que solo se activarán cuando los nuevos herederos demuestren ser dignos. En una reunión clandestina, tres de los doce niños descubren que no son hermanos de sangre, sino de destino. Mientras aprenden que un berrinche puede causar un terremoto o un llanto una tormenta, el sello de los dioses comienza a agrietarse. Los niños deberán dominar su naturaleza antes de que sus maestros mueran, pues el Dios que habita en uno de ellos está despertando, y esta vez, el meteorito no vendrá a salvar a la humanidad...
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