El mundo de las Spellman nunca ha sido común. Entre hechizos, pócimas y secretos que se esconden en las sombras, la familia Spellman ha mantenido un delicado equilibrio entre lo humano y lo sobrenatural.
Este año, sin embargo, un acontecimiento especial estaba apunto de romper la rutina: el Bautizo Oscuro de dos jóvenes brujas nacidas el mismo día, un ritual que marcará su tránsito definitivo al mundo mágico y oscuro que les pertenecía por sangre y destino.
Amelia Spellman, hija de Zelda Spellman y sangre pura, había esperado toda su vida este momento. Su llegada al mundo coincidió con la de su prima Sabrina Spellman, sangre mestiza y rebelde, como si el universo hubiera tejido un lazo invisible entre ambas. La mansión Spellman estaba envuelta en un aire de expectación, velas negras iluminando corredores antiguos, aromas de hierba y encantamientos flotando en el aire, y un silencio cargado de promesas y secretos.
Amelia no estaba sola en esta mundo: tenía a su tía Hilda Spellman, cálida y traviesa, a su madre Zelda Spellman, estricta pero justa, a su primo Ambrose Spellman, compañero de travesuras y secretos, y a Sabrina Spellman, su confidente y mejor amiga. Juntas, Amelia y Sabrina habían crecido entre hechizos, libros polvorientos y risas que escondían sus propias dudas sobre quiénes eran y quiénes llegarían a ser.
Pero este año sería diferente. Tres días antes del Bautizo Oscuro, algo en el aire presagiaba cambios inesperados: nuevas emociones, traiciones, misterios y el choque inevitable con un joven que pondría a prueba la fortaleza y el corazón de Amelia. Su nombre era Nicholas Scratch, y aunque los primeros encuentros entre ellos estaban marcados por la fricción y la desconfianza, el destino tenía planes más complicados para ambos.
El mundo ocular o de Sabrina Spellman estaba apuntó de expandirse, y Amelia Spellman estaba en el centro de todo
Todos los derechos reservados