El caos cesaba y las paz renacía, en el nuevo mundo sin guerras ni devastación, los dragones celestiales despertaban de su letargo buscando a sus nuevos portadores.
En otra parte del mundo, una nueva leyenda se escribía, el nacimiento no de uno sino de dos descendientes que desafiarian las leyes de establecido, sin embargo, sus caminos se cortarían, uno elegido para el caos y otro elegido para la justicia.
Aunque, al ser seres libres, sus destinos no estaban enlazados a lo que una escritura dijera, el bien o el mal, tenían total libertad de escojer sus caminos.
Seres poderosos, existiendo en el mundo ahora reinado por los humanos, no sería una limitante para divertirse con ellos.
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