El parásito no llegó con una mordida.
Ya estaba dentro de todos nosotros, esperando el momento perfecto para despertar.
Un día el mundo era normal: colegios, familias, rutinas diarias. Al siguiente, la gente que amabas empezaba a cambiar. Ojos inyectados en sangre, sudor que no paraba nunca, una rabia animal que brotaba de la nada.
Algunos seguían vivos... controlados por algo que les susurraba desde dentro. Otros caían muertos y volvían: torpes, incansables, arrastrando ese olor a humedad y podredumbre que el calor tropical solo empeoraba.
Un chico de 17 años no pide milagros. Solo quiere una cosa: sacar a su familia viva de este infierno. Su mamá, su hermano, su cuñada y el bebé de apenas unos meses. El último pedazo de inocencia en un país que se está desmoronando de costa a costa.
Pero cuando el brote explota dentro de su propia casa, todo se vuelve una carrera sin piedad. Calles en llamas, manadas de infectados que corren bajo el sol ardiente, decisiones que te rompen el alma, risas que suenan a locura pura y un secreto que nadie se atreve a decir en voz alta:
Todos estamos infectados.
Y el verdadero monstruo puede despertar en cualquier momento... incluso dentro de ti.
Ahora son nómadas sin rumbo.
De ciudad en ciudad, de refugio en refugio.
Sin destino fijo.
Sin reglas que valgan.
Solo un objetivo: seguir respirando un día más... aunque las criaturas más dulces sean precisamente las que ya están muertas.
Entre escapes imposibles, discusiones que casi los separan, planes que fallan por un simple resbalón y pequeños momentos donde la esperanza se siente casi ridícula, descubrirán que la supervivencia no es solo matar monstruos. Es recordar qué significa seguir siendo humano.
Cuánto tiempo aguantarás antes de que el parásito te mire desde el espejo y te pregunte:
¿Todavía eres tú?
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