Cuando Big Hit Entertainment decidió que la salvación de BTS era agregar una octava integrante, no esperaban que el mayor desafío no fuera el público, sino aprender a ser ocho. Lee Ha-eun no era una fan. Era la productora fantasma a la que Yoongi llamaba a las 3 AM y la letrista en quien Namjoon confiaba sus versos más crudos. Convertirla en idol no fue un capricho, fue una estrategia de supervivencia. Pero al otro lado de la puerta la esperaban siete pares de ojos cargados de desconfianza, y un fandom preparado para crucificarla.
More details