La vida de Abril Garza era como la de cualquier adolescente. Al menos hasta ese momento, salía con sus amigas, le gustaba maquillarse e ir a fiestas. Vivía despreocupada; tal vez demasiado. Samantha Rivera, por otro lado, era demasiado enfermiza y precavida; siempre con miedo a todo. Eran muy diferentes entre sí, pero en algún momento se vieron obligadas a compartir el mismo aire.
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