La guerra terminó, pero Harry Potter no sobrevivió a la paz. Mientras el mundo mágico celebra la caída del Señor Tenebroso, su "Salvador" se ahoga en el silencio de una casa que huele a polvo y olvido. Harry ha olvidado cómo comer, cómo dormir y cómo lavarse el rastro de la muerte de la piel. Internado en San Mungo para evitar que se convierta en su propia víctima, queda bajo el cuidado del único hombre que no lo mira con lástima: Draco Malfoy. En un laberinto de ataques de pánico y recuerdos rotos, Harry deberá decidir si la ataxacia es un estado de paz o simplemente el nombre que le damos a rendirse. - Eres tan patético que ni siquiera puedes mirarme a la cara.- dijo el rubio.- ¡Levántate y Golpeame Potter!¡yo se que tu puedes!.
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