Mis muertos de abril es una historia basada en hechos reales.
Dicen que hay historias que el viento arrastra, pero que jamás logra borrar.
Historias que quedan atrapadas entre los árboles viejos, en los caminos polvorientos y en los ecos tristes de las campanas de iglesia. Historias que, aunque pasen generaciones, no se atreven a ser contadas en voz alta por miedo a que sus fantasmas despierten.
Esta es una de estas historias. Una historia marcada por el dolor, la muerte y la sombra de una maldición que parecía no tener fin.
En un rincón olvidado de Santiago de los Caballeros, entre jaguas y cafetales, la tragedia se sembró como una mala semilla en el corazón de una familia. Y cada abril, como si el mismo mes tuviera memoria, venía a cobrar lo que sentía suyo.
Hoy, me atrevo a contarla, porque los muertos de abril merecen ser recordados. Y porque, quizás, al hablar de ellos, logremos darles el descanso que durante tanto tiempo les fue negado.
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