Ethan Park y Lucas Miller han sido mejores amigos desde siempre. Son inseparables: almuerzan juntos, estudian juntos y básicamente viven pegados el uno al otro. Todo el mundo los ve como "el dúo perfecto".
Pero en su último año de secundaria, las cosas empiezan a cambiar.
Todo comienza cuando Lucas decide confesarse a una chica en una fiesta. Ethan, aunque intenta actuar normal, siente una incomodidad que no puede explicar. Por primera vez, la idea de perder a Lucas -aunque sea emocionalmente- le duele más de lo que debería.
En la fiesta, Ethan ve a Lucas con la chica... riendo, cerca, diferente. Eso despierta celos que lo descolocan completamente. Lucas, por su parte, no puede dejar de notar que Ethan está distante, frío... y eso le afecta más que cualquier otra cosa esa noche.
La tensión crece.
Empiezan los silencios incómodos, las miradas que duran demasiado, los roces que ya no se sienten inocentes. Ambos se confunden, pero ninguno quiere arruinar la amistad, así que evitan hablar de lo que realmente está pasando.
Hasta que todo explota.
Una discusión fuerte, llena de celos mal entendidos, hace que se digan cosas que no deberían. Se distancian. Dejan de hablar. Y en medio de ese silencio, ambos finalmente entienden la verdad:
No es solo amistad.
Ethan acepta primero que está enamorado de Lucas.
Lucas, después de negarlo y confundirse, también se da cuenta de que no puede imaginar su vida sin él... no de esa forma.
El punto de quiebre llega en los últimos días antes de graduarse.
Con el tiempo en contra y el miedo de separarse para siempre, Lucas busca a Ethan. Nervioso, sin saber qué decir bien, pero sabiendo que no puede dejarlo ir.
La confesión no es perfecta. Es torpe, sincera, cargada de miedo.
Pero es real.
Ethan, después de todo el dolor, decide no huir esta vez.
Y ahí, entre despedidas, incertidumbre y el final de una etapa...
se dan cuenta de que no es el fin de algo.
Es el comienzo.
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