Haurel·lis es un imperio dominante, imponente y temido, gobernado por Athlas: un hombre firme, calculador y marcado por la guerra. Tras regresar de un conflicto en las fronteras, retoma el control de su reino, decidido a mantener el orden a cualquier precio.
Athlas es la encarnación del poder contenido. Alto y de porte imponente, su sola presencia impone respeto. Sus rasgos, marcados y definidos por años de batalla, reflejan una vida de disciplina y estrategia. Su mirada, fría y calculadora, parece capaz de atravesar a cualquiera, siempre analizando, siempre un paso adelante. Su cabello oscuro cae ligeramente desordenado, contrastando con la rigidez de su actitud. Cada movimiento suyo es preciso, medido, como si incluso en reposo estuviera listo para el combate. Forjado por la guerra, Athlas no cree en la debilidad ni en los lazos innecesarios... pero bajo esa coraza de hierro, algo empieza a despertar con la llegada de Nevara, algo que ni él mismo comprende del todo.
La rutina de Athlas cambia cuando uno de sus guerreros le informa sobre una joven capturada: una rebelde procedente del territorio enemigo. Lejos de tratarla como al resto de prisioneros, Athlas decide mantenerla aislada y bajo su supervisión. No por compasión... sino por algo que aún no logra comprender.
Esa joven es Nevara.
Esclavizada por el imperio que destruyó su hogar, Nevara vive atrapada entre el resentimiento y la resignación. Pero no es como los demás. Su carácter desafiante y su mirada indomable la delatan, y sus ojos dorados -intensos, imposibles de ignorar- contrastan con su larga cabellera negra, convirtiéndola en alguien que nunca pasa desapercibida.
Dos mundos enfrentados.
Un vínculo inesperado.
Y un misterio que amenaza con cambiarlo todo.
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