El Mes Morado ha llegado una vez más a Nieblaeterna.
Es la época más importante del año: más que la Navidad, más que cualquier otra fiesta. Las calles se llenan de velas, rezos y ofrendas, mientras los niños corren disfrazados de monstruos y espíritus para ahuyentar a los malos augurios.
Azzy y Cass han esperado este momento todo el año.
La novedad que todos comentan es la Casa de los Dulces que Nunca Se Acaban: una mansión abandonada que, solo durante el Mes Morado, se abre con treats infinitos. Caramelos que cantan, chocolates que cambian de sabor, calaveritas que brillan en la oscuridad... el sueño de cualquier niño.
Pero este año nadie puede llevarlos.
La hermana mayor de Cass, Selene (17 años), solo tiene tiempo para llevarlos a pedir dulces por las casas del barrio. "La Casa de los Dulces está demasiado llena y es peligroso", les dice.
Azzy y Cass no aceptan un no por respuesta.
Son solo dos niños pequeños. Uno disfrazado de esqueleto sonriente, el otro envuelto en una sábana de fantasma.
Así que, en plena madrugada, cuando todo el pueblo duerme, se escapan juntos.
Sin adultos. Sin reglas. Solo ellos, sus disfraces y la promesa de tener todos los dulces del mundo para ellos solos.
¿Qué podría salir mal?
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