Cher Horowitz tenía un plan perfecto para el verano: dos semanas en el resort Kellerman, el sol de julio, sus primas Baby y Lisa, y suficiente tiempo para olvidar a Elton Tesshmacher el chico que le había roto el corazón sin siquiera merecerlo.
Lo que no calculó fue a Johnny Castle.
Instructor de baile. Ojos oscuros. Manos que saben exactamente dónde colocarse. Y una manera de mirarla como si pudiera ver todo lo que ella intenta esconder detrás de sus lentes de sol y sus maletas Louis Vuitton.
Él la juzgó antes de conocerla otra niña rica que no dura ni un verano". Ella intentó ignorarlo antes de entenderlo -otro chico malo con más actitud que futuro".
Los dos se equivocaron.
Porque en Kellerman's, las reglas están hechas para romperse. Y cuando Cher y Johnny se encuentran en el medio de una pista de baile, con la música y la noche y todo lo que los separa, descubren que el verano no perdona. Y que el amor no elige bandos.
Él es el tipo de hombre que tu padre te advierte que evites. El que tiene una cicatriz en la muñeca y una reputación que lo precede. El que baila como si la música le debiera algo.
Ella es el tipo de chica que siempre ha hecho lo correcto. La que sigue las reglas. La que nunca ha tenido que preguntarse si su vida era realmente suya.
Hasta que él toma de la mano en un sótano, en medio de una música prohibida, y le enseña que las reglas están hechas para romperse.
Porque a veces el verano que menos esperas es el que te recuerda quién eres cuando nadie te está mirando. Y a veces, el chico que menos esperas es el que te enseña que el amor no se planea: se baila.
Bienvenidos a Kellerman's, 1963.
Donde las reglas están hechas para romperse, los corazones están hechos para bailar, y Cher Horowitz está a punto de descubrir que el verano no perdona.
Y que el amor no elige bandos.
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