Para Khael, la vida dejó de ser fácil cuando cumplió quince años. Te preguntarás por qué... o quizás no lo hagas, ¿quién se tomaría el tiempo de hacerlo? Después de todo, él era solo un chico, ¿por qué su vida no iba a ser sencilla?
La respuesta estaba en la pérdida de su luz en el mundo: su dulce abuela. Cuando ella falleció, Khael apenas tenía diez meses de haber cumplido los quince. Ese día, su mundo dejó de girar; dejó de sentirse vivo o era el pensamiento de el para escapar de esa dura realidad.
Su relación con su madre nunca había sido la mejor, y con su hermana, aunque no peleaban, tampoco tenían un lazo cercano. Después de todo, ella era más joven y, en cierta manera, más inmadura que él.
Pero volvamos a su madre. Si antes las discusiones eran frecuentes, ahora eran insoportables: golpes, maldiciones, y escapes desesperados formaban parte de su rutina diaria. Todo era un intento de Khael por entender los deseos de su madre, aunque cada día se sentía más perdido, más atrapado en un mundo que ya no le pertenecía.
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