La casa llevaba años cerrada. Martín no esperaba encontrar nada importante.
Cuando le tocó encargarse de la propiedad de su abuelo, la idea era simple: limpiar, ordenar y vender. Sin historia, sin demoras, sin complicaciones. Pero en el estudio al fondo de la casa, entre cajas apiladas y el polvo de años, encontró algo que no debería seguir funcionando.
Un reproductor de VHS. Conectado. Con cintas numeradas que no seguían ningún orden lógico, con espacios vacíos donde debería haber números, con una secuencia que parecía incompleta de forma demasiado deliberada para ser accidental.
La primera cinta no mostró recuerdos familiares ni grabaciones comunes. Mostró el estudio. El mismo en el que Martín estaba sentado. Y dentro de él, una figura con su misma postura, sus mismos gestos, mirando directamente hacia afuera de la pantalla.
Lo que comenzó como curiosidad se transformó en algo que no tiene un nombre preciso: una certeza creciente de que esas grabaciones no pertenecían al pasado, de que la secuencia no era un archivo sino un proceso, y de que él no había llegado a esa casa por casualidad ni por obligación familiar.
Había llegado porque algo lo estaba esperando.
A medida que reproduce cada cinta, los límites entre lo que está viendo y el lugar donde está sentado comienzan a desdibujarse. La casa cambia sin cambiar. Los reflejos no coinciden. Las cintas se mueven solas. Y una voz que suena exactamente como la suya le dice algo que no quiere entender pero que ya no puede ignorar.
*No es para vos controlarlo.*
"𝕾𝖊𝖈𝖚𝖊𝖓𝖈𝖎𝖆 𝖘𝖎𝖓 𝖙é𝖗𝖒𝖎𝖓" es una historia sobre lo que ocurre cuando algo más grande que la comprensión humana decide que ya te encontró. Sobre la diferencia entre observar y ser incorporado. Y sobre la pregunta que nadie debería hacerse frente a una cinta sin número:
¿Y si la secuencia no termina cuando la historia acaba?
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