No fue amor a primera vista.
Fue un amor a destiempo.
Nos conocimos cuando todavía no sabíamos permanecer, éramos dos niños jugando a sentir, prometiéndonos silencios, abrazos que nunca dimos y despedidas que no supimos hacer. Y aunque nada pasó... todo ocurrió dentro de mí.
Los años pasaron, no nos vimos más. Pude soltarte, aunque doliera como si mi corazón perdiera fuerza, como si tu recuerdo fuera parte de mi cuerpo, te vi siendo de alguien más cuando no sabias que solo estaba aparentando ya que por dentro estaba muriendo, pero, aprendí que podía dejarte ir aunque doliera una vida.
Y crecí. Caí. Sané. O al menos eso intenté.
Pensaba que nuestra historia había llegado a su fin: en ese mensaje no visto, en esa canción triste, en ese eco de nuestras voces en mi cabeza diciéndonos un TE AMO que por cada repetición se iban apagando. Pero el tiempo no se quedaría de brazos cruzados -cansado de esperar- tomó la decisión de reencontrarnos, y,¿sabes que?.
Ya no éramos los mismos niños que solo daban promesas a la mitad.
Sino dos personas totalmente nuevas con ganas de intentar algo nuevo y diferente... dos personas que habían aprendido a quererse de verdad.
Esta historia no cuenta lo que fue.
Cuenta lo que el tiempo decidió guardar para el momento correcto.
Porque hay amores que pasan....
y hay amores que, aunque se vayan,
nunca dejan de ser un amor inolvidable.
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