-Sapphire, por favor -la voz de Hunter sonaba diferente sin el casco, más joven, desesperada-. No quiero hacer esto de esta manera. Solo dame la llave. El Emperador la necesita.
-¿Por qué? -la voz de Sapphire tembló, no de miedo, sino de una decepción tan profunda que amenazaba con paralizarla-. ¿Todo fue una mentira, Hunter? ¿Cada palabra? ¿Cada risa?
Hunter se detuvo, con su bastón levantado pero sin atacar. Sus ojos, a menudo tan intensos, mostraban una fragilidad que Sapphire nunca imaginó.
-Tengo un deber. No lo entenderías.
-Entiendo que eres un traidor -respondió ella, con lágrimas amargas acumulándose en sus ojos.
La pelea fue breve pero intensa. Sapphire luchaba por la seguridad del mundo humano, Hunter por la aprobación de su tío. Pero cuando Sapphire logró inmovilizarlo, no lo golpeó. Le lanzó la llave a los pies.
-Tómala. Llévasela a tu monstruo de tío -dijo ella, con el corazón rompiéndose en su pecho-. Pero con una condición, Hunter: nunca más te acerques a mí. No me hables. No me busques. Si valoras tu vida, olvida mi nombre.
Hunter recogió la llave, sorprendido. La frialdad en la voz de Sapphire le dolió más que cualquier cosa. Él asintió lentamente, una expresión de tristeza genuina y profunda cruzando su rostro antes de volver a ponerse su máscara.
-Entendido -susurró, sintiendo el peso de la traición y la soledad .
Se dio la vuelta y se monto en Flapchack y se fue, dejando a Sapphire arrodillada, dejando que sus lágrimas cayeran finalmente
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