Dónde el mar guarda tu nombre
Dicen que el mar no olvida, pero si tiene una forma cruel de guardar secretos.
Durante cien años, las olas rompieron contra los acantilados de Blackwood Cove con la misma monotonía implacable, arrastrando consigo restos de madera, redes rotas y promesas que nunca llegaron a puerto. El viejo faro, una torre de piedra que alguna vez fue el corazón latente de la costa, ahora se erguía como un esqueleto gris contra el cielo, con su lente de Fresnel empañada por la sal y el abandono.
Para el resto del mundo, el faro estaba muerto. Pero para Taehyung, el silencio de ese lugar gritaba.
Taehyung se detuvo frente a la ventana de la vieja casa que acababa de heredar. El cristal estaba frío, vibrando suavemente con el rugido del océano allá abajo. Tenía un nudo en la garganta que no sabía explicar, una presión en el pecho que se intensificaba cada vez que miraba la linterna vacía de la torre. No era la tristeza de la muerte de su abuelo lo que lo asfixiaba; era algo más antiguo. Algo que olía a aceite de lámpara y a lana
húmeda.
Al otro lado del pueblo, en el muelle de madera que crujía bajo el peso de la marea alta, Jungkook se detuvo a mitad de su tarea. Sus manos, ásperas por el trabajo y el agua salada, se congelaron sobre la soga que intentaba amarrar.giró hacia el horizonte, donde el cielo se fundía con el gris plomizo del mar. Sintió un escalofrío que no tenía nada que ver con la brisa invernal. Era esa sensación otra vez: la punzada en su hombro izquierdo, justo donde una cicatriz sin historia le recordaba cada mañana que algo le faltaba. Un vacío que ninguna profundidad marina podía llenar.
Él no lo sabía, pero su alma sí. Porque cuando el viento sopló con más fuerza esa tarde, trayendo consigo el aroma de una tormenta que se sentía extrañamente familiar, ambos suspiraron al mismo tiempo.
El mar estaba listo para devolver lo que había robado. El invierno de 1924 finalmente estaba llegando a su fin.