A los quince años, Max Verstappen vive en una caja de cristal donde el oxígeno escasea y la perfección es la única moneda de cambio. Bajo la sombra de un padre que no acepta errores, Max ha aprendido a silenciar sus ataques de ansiedad y a convertir su corazón en una máquina de precisión. Para él, el mundo es gris, frío y está lleno de reglas que no permiten fallar.
Entonces aparece Sergio.
Sergio es el hijo del jardinero, un chico de ojos brillantes y manos manchadas de tierra que se ríe del orden y abraza el caos. Él es el sol que entra sin permiso por la ventana de Max, enseñándole que las cicatrices no son defectos y que la vida no se mide en milésimas de segundo, sino en los momentos que te quitan el aliento. Sergio habla un idioma que Max nunca ha escuchado: el idioma de los girasoles, de la luz y de la libertad.
Pero mientras Max lucha por entender por qué su pecho se siente cálido por primera vez y por qué el miedo a su padre empieza a desvanecerse cuando Sergio lo mira, no sabe que el tiempo de Sergio tiene una fecha de caducidad. No sabe que su alegría es una rebelión contra un cuerpo que le falla, y que cada sonrisa es un esfuerzo por dejar un rastro de luz antes de que llegue la oscuridad.
En un mundo de clasismo, expectativas asfixiantes y sentimientos que su padre llamaría "una debilidad", ambos descubrirán que el amor más puro es aquel que florece sabiendo que, quizá, no habrá un mañana.
«No te asustes de las grietas, Max. Es por ahí por donde entra la luz»
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