Kaia era la presidenta del consejo estudiantil, la responsable del grupo, la favorita de mamá y papá... pero, ¿y qué más? ¿solo eso? ¿un hombro donde apoyarse, una mente de la cual depender?
¿Y qué pasaba cuando ella necesitaba ayuda? ¿qué pasó cuando realmente la necesitó?
Kaia no siempre fue hija única, nació junto a una gemela llamada Charlie. Ellas eran muy parecidas, aunque sus rostros no fueran idénticos. Un detalle que las diferenciaba, es que Charlie siempre llevaba dos pequeñas coletas recojidas por encima de su melena, a diferencia de Kaia, que llevaba el pelo un poco más corto y siempre suelto. Las dos tenían el pelo liso y de un color medianoche azul marino. Eran como dos gotas de agua.
Hasta que un día, las niñas salieron a jugar al bosque, y se perdieron. Estuvieron varios días desaparecidas, hasta que un grupo de rescatistas encontraron a Kaia. Estaba asustada, tenía la ropa mojada, no paraba de temblar ya sea de frío o de miedo y en sus mejillas caían lágrimas de desesperación.
Años después, tras mucha terapia, el evento se quedó en un tema que nunca se tocaba en la mesa familiar, como si nunca hubiera existido.
Kaia se volvió muchísimo más responsable, pero también mentalmente inestable, se preocupaba por los demás mucho más que por ella misma, y los demás hacían lo mismo. Nadie se paraba a mirar en el interior de Kaia Dhuoin, a nadie le importaba lo que pasaba por su cabeza.
Hasta que encontró a un chico llamado Milo Asleim, él era muy calmado, y era perfeccionista en el sentido de que todo el mundo se lo pasara bien, si un detalle se le escapaba, sabía manejar la situación con tal de que saliera bien. Su salud no era muy estable y se resfríaba constantemente, pero Kaia lo cuidaba. Y tras esta amistad, Kaia decidió que era hora de centrarse en la verdad, que era hora de hablar del tema que quedó enterrado en las fotos familiares partidas a la mitad.
• Historia y personajes originales.
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