No podía dejar de amarlo porque el olvido no existe.
En una noche de nieve inglesa, dos niños se esconden en un armario mientras la masacre devora su familia. Manos que tapan bocas, respiraciones compartidas, oscuridad absoluta. De esa oscuridad nace el Pasajero Oscuro: un hambre eterno que los une para siempre. Henry los salva con su sangre y los convierte en vampiros.
Años después, Mike Wheeler -andrógino, melancólico, visionario- busca una fusión total que cure el vacío del armario. Entonces llega Will Byers: pintor devoto, alma rendida, un humano que ha esperado siglos por su amado.
Y Mike no podía dejar de amarlo.
Amaba las distintas formas bajo las cuales él aparecía en sucesivas transformaciones.
Tenía nostalgia de todos los lugares en los que nunca habían estado.
Sentía una profunda nostalgia de las cosas que ya no conocerían, tan violentas e inolvidables como las pocas que habían conocido.
Sus encuentros son valses de sangre bajo luz azul caribeña: cuerpos que se funden, lágrimas que saben a eternidad, un amor trascendental y devorador donde Will se entrega por completo y Mike, por primera vez, se permite ser devorado.
Y al final, solo queda una súplica:
**Perdón por el futuro.**
Porque en este amor que modifica y eterniza, el olvido no existe.
Y ellos, dos almas que temblaron juntas en la oscuridad, por fin dejaron de estar solos.
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