Lo Que Merece un Niño
Harry Potter siempre había pensado que la guerra terminaba cuando el último hechizo era lanzado. Resultó que estaba equivocado. La guerra no había terminado en la Batalla de Hogwarts. Simplemente había cambiado de forma.
Ahora llevaba túnica de funcionario, sonrisas diplomáticas y reuniones interminables en el Ministerio de Magia. Harry observó por la ventana de su despacho las calles iluminadas de Londres. La lluvia golpeaba el cristal con suavidad mientras una montaña de documentos esperaba sobre su escritorio.
Veintiocho años.
Héroe de guerra.
Auror.
Símbolo de esperanza.
Y, aun así, nunca se había sentido tan perdido. Cada decisión que tomaba parecía pertenecer a alguien más. Los periódicos esperaban algo de él, os políticos esperaban algo de él, incluso sus amigos parecían tener una imagen de quién debía ser Harry Potter. Pero nadie parecía preguntarle qué quería realmente, ni siquiera él mismo. Un golpe en la puerta lo sacó de sus pensamientos.
-Adelante.
La puerta se abrió y una bruja anciana entró con expresión nerviosa.
-Señor Potter, esto llegó para usted.
Le entregó un sobre amarillento.
Harry frunció el ceño, no tenía remitente tampoco sellos oficiales, era una carta común y corriente algo extremadamente raro en el mundo mágico. La mujer salió y Harry observó el sobre durante varios segundos algo en él le provocaba una sensación extraña como si lo hubiera estado esperando sin saberlo. Finalmente lo abrió dentro encontró una única hoja y una fotografía.
Harry tomó primero la fotografía su corazón se detuvo, era un niño tal vez de cuatro o cinco años, cabello negro desordenado, ojos verdes brillantes y una expresión obstinada que le resultó dolorosamente familiar. Porque era exactamente la misma expresión que él veía cada mañana en el espejo. Las manos comenzaron a temblarle entonces leyó la carta.
"Si estás leyendo esto, significa que ya no estoy aquí para cuidar de él."