Ella pensó que, después de tres largos años en el palacio, jamás llamaría la atención del emperador. Había aprendido a volverse invisible, a esconder su presencia entre los pasillos silenciosos y las miradas ambiciosas de otras concubinas.
Pero todo cambió ahora...
Cuando, por primera vez, el emperador se detuvo a mirarla de verdad. No solo vio su belleza, sino también esa calma misteriosa, esa elegancia discreta y la profundidad en sus ojos que ninguna otra poseía.
Y en ese instante, lo que había permanecido oculto durante años... finalmente fue descubierto.
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