Rodrigo tiene una paloma llamada Señor Presidente, un trabajo que no le apasiona, y un aumento que lleva semanas sin pedir.
Alejandro tiene un vuelo en cuarenta minutos, un sistema de vida perfectamente organizado, y un apellido que no tiene nada que ver con el calzado.
Esta mañana, el sistema de Alejandro falló. El autobús de Rodrigo tampoco llegó.
Lo que siguió fue una van llamada el Toro, velas de iglesia sin explicación, un estacionamiento que no los dejó pasar, y la conversación más honesta que ninguno de los dos había tenido en años.
El universo no manda mensajes. Pero a veces manda vans.
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