Elior Hofferson era el vikingo ideal: fuerte, valiente, rubio, guapÃsimo... molesto. A los cinco años ya habÃa enfrentado un Gronckle con un hacha más grande que él. A los diez, la tribu entera lo admiraba. Y a los dieciséis, era el chico del que nadie se atrevÃa a burlarse. Excepto Hippo. Bueno... en realidad, Hippo no se burlaba. Solo lo observaba... mucho. Tal vez demasiado. No era su culpa que Elior se viera tan bien lanzando hachas. O que su cabello brillara con el sol. O que cada vez que pasaba cerca, Hippo olvidara cómo se usaban las palabras. No. No era su culpa. Era culpa de Elior. Por ser tan increÃblemente él.
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