Él era una estrella mundial acostumbrada a escenarios llenos.
Ella no trabaja con emociones.
Trabaja con números, contratos y decisiones que no dejan espacio para errores.
Una tormenta los obligó a coincidir.
Tres días bastaron para cambiarlo todo.
Miles de kilómetros después, el destino siguió empeñado en destruirlos... o en volver a unirlos.
Lo que no esperaba...
era que, entre agendas, escenarios y decisiones estratégicas, alguien lograra desordenar cada una de sus certezas.
Porque hay cosas que no se negocian.
Y perder el control...
nunca estuvo en sus planes.
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Nota: Algunas imágenes fueron creadas con herramientas digitales.
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