Mi deseo más profundo ...seguirás siendo tú.
Entre riscos donde el frío guarda secretos
y las flores nacen donde nadie mira,
caminó uno con peso en los brazos,
y otro, en silencio, sin ya responder.
No hubo nombre en sus labios,
ni llanto que rompiera la piedra;
solo pasos, uno tras otro,
hacia aquello que concede... y arrebata.
Allí, donde la quietud escucha,
donde lo antiguo aún tiene hambre,
depositó lo que el mundo le negó
y aguardó sin temblar.
-Nada vuelve sin romperse-
susurró lo invisible.
Y entonces ofreció lo imposible.
No carne, no sangre...
sino aquello que lo hacía elevarse sobre todos,
lo que lo unía al cielo y a la llama,
lo que jamás podría renacer.
La tierra contuvo su pulso.
Lo profundo se cerró como un ojo antiguo.
Y el mundo esperó.
Cuando el alba volvió a teñir las cumbres,
hubo dos figuras donde antes solo una,
dos sombras sobre el manto de flores...
una quebrada, privada de lo que la alzaba,
y otra, que camina sin haber conocido el cielo.
Desde entonces, sus pasos no les pertenecen.
Lo que respira en lo profundo reclama más,
susurros, promesas, ofrendas no dichas.
Allí acuden primero.
Allí permanecen más tiempo.
Allí guían a otros hacia el deseo...
y al precio que este exige.
Porque quien devuelve lo perdido
nunca deja de cobrar.
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