Prólogo
El archivo permaneció sellado durante seis meses. Trece víctimas. Ningún patrón balístico, ningún ADN, ninguna pista. Solo cuerpos dispuestos con una precisión enfermiza y los ojos cosidos con hilo de pescar.
Hasta que Claire lo abrió.
No era policía, no oficialmente. Pero el departamento le debía favores. Y ella necesitaba respuestas. Las fotos de la escena del crimen estaban sobre su mesa. En cada pared, una frase escrita con sangre. La misma en todos los casos:
"Lo entiendo ahora."
-No hay testigos -dijo el detective, encendiendo un cigarrillo-. Pero mira el ángulo de los disparos.
Claire observó las imágenes. Las balas no venían de frente. Venían de abajo, como si el asesino hubiera disparado desde el suelo, mirando hacia arriba. Una posición de sumisión.
-No estaba ejecutando -murmuró Claire-. Estaba adorando.
El detective exhaló el humo.
-Eso no es lo más perturbador. Escucha la evidencia de audio.
Claire puso el casete. Estática. Luego, una voz que reconoció al instante. Leon. Pero no el Leon que ella recordaba. Era fría, pausada, sin temblor.
-Ella me pidió que lo hiciera. Y tenía razón. Siempre la tuvo. Siempre. Siempre. -
El bucle se repetía una y otra vez. Hasta que una tercera voz se filtró entre las palabras de Leon. Un susurro femenino, casi una caricia:
-Dile a Claire que venga. Que le mostraré cómo se siente tener la razón todo el tiempo. -
El casete terminó.
Claire levantó la mirada. En el reflejo del vidrio de la comisaría, por un segundo, creyó ver a Ada sonriendo detrás de ella.
Cuando giró, no había nadie.
Solo un sobre nuevo sobre su escritorio. Lo abrió con manos temblorosas. Adentro, una placa de policía. La de Leon. Y detrás, una nota:
"Renunció hace tres meses. Nadie sabe dónde está. Pero sigue matando. Y tú vas a ayudarme a encontrarlo... o a convertirte en la número catorce."
Claire guardó la placa.
Sabía que no iba a detener a Leon.
Iba a entender por qué Ada
All Rights Reserved