Desde que eran niños, Alejandro Aramburú y Gabriel Bermúdez aprendieron a tolerarse antes que a llevarse bien.
Lo que comenzó como una simple discusión en un arenero terminó convirtiéndose en años de rivalidad constante, marcada por bromas pesadas, competencias absurdas y una tensión que ninguno de los dos parecía dispuesto a soltar.
Obligados a compartir espacios por la cercanía entre sus madres, crecieron conociéndose más de lo que habrían querido admitir.
Sin embargo, al llegar a la adultez, aquello que siempre había sido rechazo comienza a transformarse de manera casi imperceptible. Sin buscarlo, ambos se enfrentan a una cercanía que ya no pueden interpretar de la misma manera.
EN EDICIÓN DE FALLAS ORTOGRÁFICAS*
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