Mateo Julian Gonzalez murió como vivió: sin pensar demasiado.
Un colectivo, un nene con un globo rojo, y el instinto porteño de meterse donde no lo llaman. Resultado: muerte instantánea en la avenida Corrientes y reencarnación a Arcadia, un mundo de fantasía que claramente no lo estaba esperando.
El problema no es el isekai en sí. El problema es que Arcadia está hecha un despelote.
Hay un reino que se cae a pedazos, un rey con una hija desaparecida, un marqués con demasiado poder y pocas pulgas, y una Iglesia del Padre Eterno que huele a podrido desde tres leguas. Por si fuera poco, una diosa llamada Selene está moviendo sus fichas desde las sombras, y parece que Mateo -sin haberlo pedido, sin haberlo firmado y sin entender del todo por qué- es parte del plan.
Junto a Lyra, Mia, Aelindra y un Fenrir llamado Otto que tiene más carácter que el 90% de la gente que conoció en Buenos Aires, Mateo va a tener que aprender a moverse en un mundo donde las facciones se odian entre sí, los dioses juegan al ajedrez con personas reales, y nadie le explica las reglas.
Nivel 2. Sin mapa. Sin manual.
Bienvenido a Arcadia.
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