Entre sangre y deseo es una historia que se adentra en las zonas más oscuras del amor, donde la línea entre protección y posesión se desdibuja hasta desaparecer por completo.
Alejandro Garcés nunca fue un hombre común. Desde joven, aprendió a sobrevivir en silencio, a observar más de lo que hablaba y a ocultar lo que sentía bajo una máscara de aparente calma. La vida no le dio demasiadas oportunidades para confiar en otros, y con el paso de los años, su mundo se redujo a rutinas solitarias, pensamientos profundos y un vacío que parecía imposible de llenar. Hasta que ella apareció... o mejor dicho, hasta que empezó a notarla.
Isabel Galván no era una mujer extraordinaria a simple vista, pero para Alejandro lo era todo. Su dulzura, su forma de hablar, su calidez al tratar a los demás... todo en ella contrastaba con la frialdad del mundo que él conocía. Isabel representaba algo que Alejandro creía perdido: bondad genuina. Después de la muerte de su madre, Isabel se convirtió, sin saberlo, en la única persona que lo hacía sentir visto, incluso cuando apenas cruzaban palabras. Un saludo, una sonrisa, un gesto amable... eran suficientes para que Alejandro construyera, en su mente, una conexión mucho más profunda.
Sin embargo, había algo que arruinaba esa imagen perfecta: Pablo Orosio.
Pablo no era el hombre que Isabel merecía. Alejandro lo sabía. Lo veía en los gritos apagados tras las paredes, en los moretones que Isabel intentaba ocultar, en la tristeza que a veces asomaba en sus ojos. Lo escuchaba en las noches, en las discusiones cargadas de insultos y golpes. Para Alejandro, aquello no solo era injusto, era imperdonable. ¿Cómo podía alguien dañar algo tan puro? ¿Cómo podía el mundo permitir que una persona como Isabel sufriera de esa manera?
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