Bajo el cielo plomizo de Seúl, Hyunjin reina como un Alfa dominante de estirpe negra, un depredador acostumbrado a que el mundo se doblegue ante su aroma a sándalo y poder. Para él, el "no" no existe; su vida es un desfile de conquistas vacías hasta que su instinto se ancla en un enigma que desafía su control: Félix.
Félix camina entre lobos con la fragilidad de la porcelana y el aroma asfixiado de un Omega que oculta el secreto más explosivo de la élite: es el heredero de la fortuna número uno del país. Pero él no busca poder, sino refugio de un pasado traumático que revive con cada tormenta. No sabe que Hyunjin ya ha rastreado su verdadera esencia y lo reclama con una intensidad que roza la psicosis.
La tensión estalla en una fiesta fastuosa donde las máscaras se rompen. Hyunjin no busca amor, sino una rendición absoluta. Ha diseñado el escenario para una cacería meticulosa donde la protección se confunde con el cautiverio.
"No huyas, pequeño," susurra Hyunjin mientras el trueno retumba, "en esta mansión, el único cielo que verás es el que yo te permita."
Mientras la tormenta despierta los demonios de Félix, las puertas se cierran. En este mundo de Dark Romance y Omegaverse, la pregunta no es si Félix caerá, sino si sobrevivirá al peso de ser el único objeto de deseo de un Alfa que no sabe soltar.
Dos imperios en juego. Una marca irrevocable. Una obsesión sin límites.
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