No sé exactamente cuándo empezó.
Tal vez fue algo pequeño. Una mirada que duró más de lo normal, una broma que se sintió distinta, o esa incomodidad rara cuando alguien más se le acercaba demasiado. Nada importante... o eso intenté creer.
Porque lo fácil era no pensarlo.
Seguir como siempre. Reírnos de todo, hablar de cualquier cosa, actuar como si no hubiera nada raro entre nosotras. Como si no me diera cuenta de cada detalle suyo. Como si no me afectara más de lo que debería.
Pero hay cosas que simplemente no se pueden ignorar.
Y ella... ella es una de esas cosas.
Lo peor es que creo que también lo sabe.
Y aún así, ninguna dice nada.
Todos los derechos reservados