Obsidian Falls ya no es una ciudad. Es una herida.
Las máquinas que una vez sirvieron ahora cazan. Sus ojos rojos barren las calles rotas, sus motores ronronean en la penumbra como bestias hambrientas. El cielo está permanentemente gris, no por nubes, sino por la ceniza de lo que alguna vez fue tecnología. Huele a metal quemado, a aceite derramado, a algo que pudo ser humanidad y ya no lo es.
En el subsuelo, bajo kilómetros de hormigón y olvido, hay un lugar que los sobrevivientes mencionan en susurros, si es que lo mencionan: Sector Zero. Allí, nacieron diez experimentos. Humanos y máquinas cosidos con la misma aguja. Sangre y circuitos. Carne y acero.
El proyecto se llamó Código Cero.
Y salió mal.
El décimo escapó antes de ser terminado. Nadie sabe qué vio. Nadie sabe qué sintió. Solo que, al romper su cápsula de vidrio, activó una señal que volvió locas a todas las máquinas de Obsidian Falls. La guerra comenzó esa noche. Y nunca terminó.
Los otros nueve quedaron atrás. Dormidos. Esperando.
Ahora, años después, uno de ellos ha despertado.
Nyven abre sus ojos en el fondo de un sótano que huele a humedad y a siglos. Tiene un 9 tatuado bajo su ojo derecho. Tiene un brazo que puede atravesar el acero. Tiene una sola orden grabada en su núcleo:
Cazar a Dekker.
Pero hay algo que no le dijeron. Algo que los archivos de Zero Point borraron antes de desaparecer.
El ojo que Nyven lleva en su cuenca no le pertenece.
Era de Dekker.
Y Dekker, el defectuoso, el décimo incompleto, el que escapó con medio cuerpo humano y ninguna explicación, lleva años esperando a que su hermano de metal despierte.
No para matarlo.
Para contarle la verdad.
Bienvenido a Obsidian Falls.
Las máquinas te observan.
La ceniza te recuerda lo que perdiste.
Y Nyven está a punto de descubrir que el monstruo que debe cazar no es quien creía.
CODE ONIX.
Carne y metal. Sangre y circuitos. Y un eco que no deja de arder.
Seluruh Hak Cipta Dilindungi Undang-Undang