Dicen que para sobrevivir en Greenwich necesitas dos cosas: un apellido que pese más que tu conciencia y la capacidad de mentir sin parpadear. Yo no tenía ninguna de las dos.
Llegué a la mansión de los Vance esperando un nuevo comienzo, una familia, un refugio.
Qué estúpida fui. En el momento en que puse un pie en ese suelo de mármol, dejé de ser Avery Miller para convertirme en la presa de alguien que disfruta viendo el mundo arder.
Sloane Vance.
Ella no es el tipo de chica que te da la bienvenida con una sonrisa. Ella es el tipo de chica que te deja abandonada en una carretera oscura solo para ver cuánto tardas en romperte. Es cínica, es peligrosa y, para mi desgracia, es la persona que ahora duerme a solo unas puertas de distancia.
Mi vida antes de los Vance era simple.
Ahora, mi realidad se reduce a una sola pregunta: ¿Qué duele más? ¿El odio que me lanza en cada mirada o el hecho de que mi pulso se acelera cada vez que ella está cerca?
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