Bang Chan y Kim Seungmin tienen el privilegio de ser idols globales. Pero detrás del brillo de los escenarios y las cámaras, se esconde una verdad que la sociedad coreana (profundamente conservadora y con un estigma persistente hacia la comunidad LGBTQ+) no está lista para aceptar. Para ellos, salir del closet no es solo una declaración de identidad, es una amenaza directa a la estabilidad de Stray Kids y a sus propias carreras.
Fuera de cámara, en el refugio de su apartamento o en los rincones oscuros del estudio, ellos son el apoyo del otro. Se apoyan, se ríen de las presiones y se aman con una intensidad que nadie más conoce. Sin embargo, para Chan, el riesgo es una tentación.
Incluso con las cámaras encendidas y el staff a pocos metros, Chan no puede evitarlo.
Un toque en el trasero de Seungmin mientras pasan por un pasillo estrecho, un roce de manos bajo la mesa durante una entrevista o comentarios con doble sentido que solo ellos dos entienden.
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